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TABLA DE CONTENIDO

 

 

 

I.    INTRODUCCIÓN

 

II.  OBJETIVOS

      Objetivos Generales

      Objetivos Específicos

 

III. CONTEXTUALIZACIÓN

 

IV. MICROSISTEMAS EN EL MACROSISTEMA

      Dimensión Biofísica

      Dimensión Socio-política

      Dimensión Económica

 

V. OPINIONES

 

VI. REFERENCIAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I. INTRODUCCIÓN

 

 

 

Los Cerros Orientales de Bogotá (COB) constituyen un ecosistema esencial para el equilibrio natural en las estructuras ecológicas, sanitarias y sociales de la ciudad. Este sistema tan importante se está viendo gravemente amenazado por problemas de índole urbano tales como la construcción, sobrepoblación, inconsciencia ciudadana, etc. y las autoridades responsables de su cuidado no están realizando su labor.

El problema no es tan simple, está inmerso en una red compleja de entidades políticas, económicas, sociales y medioambientales que son difíciles de analizar aisladamente y que la interacción entre estas es tan marcada que el origen del problema no es completamente claro.

El presente trabajo se realiza para el curso Geografía y Medio Ambiente de la Universidad El Bosque con el fin de contribuir desde la academia a la resolución de problemas medio ambientales aportando un punto de vista innovador y bien sustentado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

III. CONTEXTUALIZACIÓN

 

 

BogotÁ se encuentra localizada en una sabana a una altitud de 2.600 metros sobre el nivel del mar y está rodeada de montañas y páramos. La sabana, en la cual la ciudad se asienta era un gran lago, el que luego de cambios geológicos empezó a drenarse. Está sabana fue ocupada por tribus sedentarias cercanas a los humedales y en el piedemonte.

 

Según el geólogo Tomas Van Der Hammen,  los Muiscas  poblaban los cerros desde hace doce a trece mil años. Debido a su condición principalmente de cazadores-recolectores, mantenían una especial armonía con la naturaleza, favoreciendo a los cerros. Estas tribus Muiscas llevaban a cabo ceremonias religiosas alrededor de árboles sagrados y de lagunas. De hecho la leyenda original del Dorado está centrada alrededor de una laguna no muy lejos de Bogotá.

 

Con el surgimiento de la colonización, se rompieron las estructuras sociales indígenas y la zona empieza a adquirir características urbanas dejando como consecuencia el deterioro del medio ambiente. Para este desarrollo, los colonizadores necesitaban materia prima para construir casas, calles y carreteras que obtenían principalmente de los COB. Generalmente, los materiales extraídos iban desde la leña hasta la arena, causando así cambios geográficos y cambios en la fauna y la flora lo cual llevo a tomar medidas a principios del siglo pasado.

 

En este período, Bogotá, y sus cerros fueron sometidos a plantaciones masivas en los cuales especies no nativas como pinos y eucaliptos fueron favorecidas.

 

Los cerros, actualmente declarados desde 1977 como Reserva Forestal Protectora, alcanzan altitudes de 3.400 metros sobre el nivel del mar y tienen una extensión de 13.800 hectáreas e incluye una variedad única de ecosistemas.

 

A lo lejos esta gran cadena parece intacta, pero al verla de cerca podemos apreciar los problemas que son evidentes:

Explotación de canteras, las cuales han generado problemas de conectividad biológica, estabilidad de suelos, deterioro en la calidad del paisaje entre otros. Sin embargo muchas de ellas han sido cerradas y deben presentar y ejecutar un Plan de Manejo para obtener parques públicos, vivienda o equipamiento.

Otro de los problemas han sido los desarrollos ilegales de vivienda. Bogotá presenta un altísimo crecimiento y presión por la población desplazada que se localiza en lugares vulnerables dentro de los cerros tales como quebradas y zonas de riesgo.

Aunque este problema es de gran complejidad, se han iniciado procesos de reubicación de familias asentadas en las zonas más vulnerables, e involucrar a residentes en programas de protección para evitar que dicho crecimiento se disminuya.

Los cerros han sido base de apoyo de infraestructura de telecomunicaciones sin ningún tipo de implantación planeada, por lo cual presentan un alto impacto visual y ambiental. Aunque no se restringe su implantación, exige que sean consolidadas y camufladas con compensaciones de mantenimiento de parques y planes de revegetalización de las áreas afectadas.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IV. MICROSISTEMAS EN EL MACROSISTEMA

 

 

El problema de los cerros orientales puede ser analizado desde diferentes perspectivas que nos aportan ángulos únicos para el entendimiento del problema. Estas dimensiones son la biofísica, socio-política y  económica.

 

Cabe resaltar que aunque vamos a analizar el problema dividiéndolo en estas categorías, es indispensable tener en cuenta que estas no son independientes y que de igual forma, es muy importante analizar las interrelaciones que se dan entre estas para poder proponer una solución integral y efectiva.

 

DIMENSIÓN BIOFÍSICA

 

La dimensión biofísica va desde el estudio físico-químico de los fenómenos involucrados en los cerros hasta el estudio a nivel de ecología y biodiversidad.

 

La importancia fundamental de los COB a nivel biofísico, es que proporcionan un filtro de aire para nuestro, cada vez más, contaminado aire de Bogotá. El centro urbano y la masa humana utilizan ciertos materiales como el oxígeno, energía solar, etc., cumple sus objetivos y expulsa como desecho dióxido de carbono. Esta sustancia, en su condición de desecho, debe ser transformada por algún sistema en otra sustancia útil: oxígeno. Este papel lo cumplen los COB, dando como resultado aire limpio lo que se traduce en calidad de vida, etc. Es claro lo que pasaría en este sentido si este ecosistema falla.

 

Una especie muy abundante en los COB es el musgo. Este cumple la función de retener agua, junto con el suelo. Si quitamos el musgo el agua corre mucho más rápido generando problemas de alcantarillado y deslizamientos. Según el DAMA, estos problemas implican altos más costos que los que implica proteger los COB.

 

Los COB son ricos en bosques, paramos, cascadas, aves, flores, musgos, líquenes, ranas, chircales, etc. Desde el punto de vista de la biodiversidad, consisten una región única con una variedad muy importante de especies que cada vez tienen menos cantidad y calidad de territorio para subsistir.

 

DIMENSIÓN SOCIO-POLÍTICA

 

Esta dimensión secciona al problema desde el punto de vista de los perjuicios y/o beneficios sociales que trae la problemática de los  COB, el papel de las entidades políticas y los mecanismos de regulación para el cumplimiento de estos papeles.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

V. OPINIONES

Para solucionar el problema de los COB han surgido muchos puntos de vista propendiendo de diferentes individuos, entidades y profesiones. En el proceso de encontrar soluciones, resulta de gran utilidad analizar cada una de estas para resaltar puntos fuertes y débiles.

 

PROHIBIR SIN CONTROLAR ESTIMULA EL DETERIORO

El asunto de la conservación y protección de los cerros orientales de Bogotá es indudablemente muy delicado. Todo ciudadano de bien está seguramente de acuerdo con que esto es una necesidad prioritaria para la ciudad, no únicamente desde el punto de vista ambiental y estético, sino como una de las formas de proporcionar un aire respirable y sano para todos.

Pero el meollo del problema es cómo lograr este objetivo de bienestar colectivo y a dónde conducen las medidas de congelación y prohibición que se han planteado mediante la resolución 463 del Ministerio de ambiente y leyes y decretos anteriores.

Porque se ha visto, históricamente, que la prohibición, sin contar con los recursos humanos y económicos de control, no solo no produce ningún resultado sino que, por el contrario, induce y estimula el deterioro del área en términos de invasión, asentamientos clandestinos y barrios piratas o destrucción de la naturaleza para la obtención también clandestina de arenas, piedra y otros materiales de construcción. Y esto ocurre con mucha más gravedad en una zona tan cercana al área urbanizada y donde hay toda clase de presiones especulativas de finca raíz.

Esto, reforzado por los incendios forestales que se presentan en cada periodo de sequía, también por falta de control, ha llevado a través de los años a un deterioro muy serio de los cerros que bordean la ciudad.

¿Cómo se pueden controlar, cuidar y mejorar 14.000 hectáreas de tierra? ¿Cuándo tendrá la Administración Distrital los recursos para esta enorme tarea y mediante qué tipo de organismo se puede en forma efectiva acometer este objetivo?

Yo me atrevo a decir que declarar un área que bordea la ciudad en toda su longitud como ‘reserva forestal’ e impedir cualquier tipo de uso o de desarrollo no es el camino correcto.

He seguido el crecimiento y desarrollo de muchas ciudades del mundo en sus partes montañosas y puedo decir que únicamente en aquellas en que existe una reglamentación realista y clara de conservación y al mismo tiempo de desarrollo controlado se han logrado salvar los recursos naturales, el paisaje y el medio ambiente. Para mencionar solo algunos casos está el de la ciudad de Los Ángeles y el de Ciudad de México, con el caso de las Lomas de Chapultepec antes del desbordamiento incontrolado del D.F. Y ni hablar de los pueblos y ciudades de Suiza, donde todo es montañoso, la densidad de población es muy alta y la preocupación por la naturaleza es una de las características de su población. Sin embargo, allí se puede construir bajo unos parámetros muy estrictos de baja ocupación y de respeto absoluto de la vegetación y el entorno.

Solamente si la zona está habitada y tiene una colectividad educada, respetuosa y que se siente propietaria, se podrá pensar en una conservación. El papel del Estado en ese momento es la educación y los estímulos para lograr el objetivo.

Un estudio y un proyecto detallados deben permitir inventariar y clasificar los predios según su ubicación, sus características y la existencia de vegetación nativa. El Estado debe hacer el esfuerzo de adquirir las extensiones que ameriten ser convertidas en verdaderos parques naturales o recreativos, dotándolos del equipamiento y la seguridad necesarios para su aprovechamiento por parte de toda la ciudad. El resto de la tierra se debe reglamentar para que pueda ser utilizada racionalmente y para que genere los impuestos y recursos que permitan la realización del plan y su adecuado control. Las universidades que en su pénsum incluyen estudios forestales y biológicos serían excelentes aliado para desarrollar viveros de especies nativas y estaciones experimentales de investigación y enseñanza.

Pensando en la extensión de 14.000 hectáreas y apartando el área necesaria para parques, en las zonas en que se acepte un desarrollo con un promedio muy bajo de ocupación, se puede llegar a tener una población estable que garantice la buena conservación y aun el mejoramiento del medio ambiente.

En algunos pequeños sectores de los cerros a lo largo de la ciudad, este hecho se puede comprobar históricamente en agrupaciones en las cuales se ha construido vivienda de baja altura con un índice de ocupación que no llega ni al 10 por ciento del área del terreno.

El resultado a lo largo de varios años corrobora definitivamente la idea de que un desarrollo relativo y controlado es el único camino para la salvación de nuestros cerros orientales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VI. REFERENCIAS

 

1.       www.eltiempo.com.co. Editorial. Jacques Mosseri,  arquiteco y urbanista. Investigador y asesor de la CAR en el tema de los cerros

2.       Diana Wiesner, profesora de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad de los Andes y quien lideró la investigación sobre los cerros de Bogotá

3.       Agua: ¿Recurso Inagotable? Contraloría de Bogotá

4.       Bogota: Un Gris Panorama Medioambiental. Contraloría de Bogotá

5.       Cerros Orientales de Bogota. Ana María Echeverri. Video.

6.       Estructura Ecológica Principal en el Distrito Capital. Contraloría de Bogotá

7.       Cerros y Ruralidad. Diego Rodríguez, Pablo Moreno